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No hay mejor lugar que el hogar PDF Print E-mail

Food

En camino hacia el aeropuerto voy pensando que el tiempo se ha ido volando.  Me dirijo a recoger a mi hija Bailey, quién viene de regreso de la Universidad de Concordia en Minnesota después de haber pasado dos semanas en un curso de inmersión de español.  Es el segundo año que asiste a ese entrenamiento.

 Mientras camino hacia su puerta de llegada me pregunto si habrá cambiado.  ¿Me habrá extrañado?  ¿Habrá aprendido mucho español?  Al fin la encuentro y nos sonreímos y abrazamos.  “Te añoré”, le digo.  “Yo también te añoré, papi”, dice ella. 


Yo pregunto "¿Qué tal estuvo tu campamento de español?” "Fantástico”, me responde.  "Ah, que bien”, digo yo.  "¿Comiste?”, pregunto. "Tengo mucha hambre”, responde ella con confianza.  "¿Qué tal si vamos a Casa Fiesta?”, sugiero yo.  "Perfecto”, responde ella.  Como siempre, escogiendo éste restaurante ha sido la mejor idea.

Desde que Bailey tenía unos 6 o 7 años hemos ido a Casa Fiesta en ocasiones especiales o cuando queremos compartir un buen rato juntos.  Casa Fiesta es el restaurante pintado de color amarillo localizado en la calle Bell.  Tiene un patio de madera construido al frente y a un lado del local.  Generalmente se encuentra lleno de gente divirtiéndose platicando mientras beben un vaso de Negra Modelo muy fría.  

Cuando llegamos, por supuesto está atorado con gente conversando y riéndose de cosas mundanas.  "Hola, ¿qué tal”, nos saluda el dueño amablemente.  “Bien, ¿ y tú?” responde Bailey y agrega “mesa para dos, por favor”, “estás hablando español muy bien”, admiro yo.  Ella sonríe.  El señor nos lleva hacia nuestra mesa.  Mientras esperamos a nuestro mesero, Bailey me comenta que Casa Fiesta le recuerda uno de los restaurantes en los que comimos en uno de nuestros recientes viajes a México.

Por dentro está decorado con ricas maderas, paredes de tierra con bordes pintados de color azul.  Los pisos y algunas paredes están decorados con lozas traídas de México.  Cuadros de Zapata y las banderas de México y los EEUU cuelgan de las paredes.

Cuando el mesero toma nuestra orden, por supuesto como siempre yo ordeno las fajitas de pollo y Bailey ordena taquitos mexicanos.  Las fajitas de pollo son tan buenas que hacen que se le haga agua la boca a uno.  Siempre están frescas, suculentas y sazonadas a la perfección.  El pollo está frito con cebollas, tomates y chiles verdes.  Las sirven con frijoles colados y arroz.  Además van acompañadas de tortillas calientitas recién torteadas.

Los taquitos mexicanos son tortillas enrolladas doraditas y rellenas de pedacitos de pollo frito en tomate, cebolla y salpicadas con queso rallado.  Los sirven sobre una montaña de lechuga picada, con crema fresca, guacamol y pico de gallo encima.  ¡Un plato delicioso!

Bailey con mucho entusiasmo me cuenta de sus clases de español.  Mientras platicamos deleitamos las tortillitas fritas con salsa medio picante con grandes pedazos de tomate.  Los sonidos de las humeantes fajitas y el sabroso aroma nos anuncian que nuestra comida ya llegó.  Sin lugar a duda, Casa Fiesta tiene las mejores fajitas de pollo y taquitos mexicanos de Nashville.  Yo prefiero comer estos dos platos solamente en Casa Fiesta.  Y por supuesto, ésta comida no nos desilusionó.

Todos los años nuestra tradición ha sido completar la comida con un postre de helado frito, el cual es la marca famosa de Casa Fiesta.  Consiste en una gran bola de helado frito, pedazos grandes de tortillas de harina cubiertas de azúcar y canela y todo aderezado con crema batida y turrón de chocolate.

Mientras observo a mi hija, ya no veo a una muchachita sino a una jovencita independiente.  Ahora ya es toda una señorita inteligente, de buen habla y buen porte.  Le digo “te extrañé Bailey”.  “Yo también te extrañé, papi”, me responde.  “Sabes papi, la pasé muy bien, pero no hay mejor lugar que el hogar”, replica Bailey.

Terminando nuestra cena, me recuerdo de todas las comidas y los momentos que hemos compartido en Casa Fiesta.  Me doy cuenta de que mi niña ya no es una niña, pero espero que ella siempre continúe siendo mi niña.
 

Escrito por Ando Probando, el gringo gourmet.  Traducido por Gloria Bishop